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Perdidos en el mapa desde 1810 | Pasto Ilustrado

Perdidos en el mapa desde 1810

uotline2Ilustración: Victor Ortega

Por: Nathalia Jurado Rosero

@Natrioshka

Les podemos decir que no nos amarga su constante manera de discriminarnos pero si nos preocupa mucho su ignorancia colectiva. 

El otro día pensé en voz alta: -“en cada país hay un Chelo de Castro”. Para quienes no lo conocen, les puedo contar que este “honorable” periodista, costeño él, un día de febrero, seguramente no se despertó ni con el pie izquierdo ni con el derecho, sino de testa. Fue tan duro su abrir de ojos que no tuvo otra idea más ingeniosa que sentarse a escribir sandeces. Todo esto gracias a que, según él, su amado equipo, Junior de Barranquilla, estaba siendo maltratado, golpeado y utilizado por programarle partidos en este “nido de cóndores”.

El “viejito barranquillero” como él mismo lo escribió en su texto, le dio garrote a “el Dimayor”, por haber aceptado a un equipo como el nuestro en la segunda división. Le reclamó que nos haya mandado “derechiiito para la A”, pero no se acordó que “el mismo Dimayor” aparte de que nunca nos ha querido, un día terriblemente gris nos mandó “derechiiiito para la B”. Habló del “calvario” que es viajar a este “nido”, el frío inclemente de esta tierra que seguramente a la edad que él tiene no es conveniente; mucho menos lo debe ser para los pacientes reumáticos. Y cuando habló de la “falta de oxigeno” que, según él, esta ciudad ofrece, me hizo pensar lo mucho que debe afectarle esa falta de aire al viejito, creo que al Señor ya ni con bala (no de plomo; de oxigeno).

Este “distinguido” periodista no pudo vislumbrar lo que se le venía. Gracias a él y desde que nos agredió sólo como lo hacen los indolentes, su equipo amado se ha convertido en nuestro mejor hijo. -Sí Chelito, nosotros los pastusos, los brutos: ¡somos tu papá, tu mamá y tu tío! Sea de local o de visitante, nos hemos dado el gusto de taparle su boca con nuestros goles, nuestra humildad y nuestro corazón. Da pena por el pueblo barranquillero que nada tuvo que ver con las palabras de este Señor, pero yo, siendo ellos lo declaraba persona no grata, lo metía en una caja de 2×2 y lo exiliaba, porque no, a este nido. Y aprovechando que su “cortés” artículo, para con nosotros, lo debió mandar “derechiiito” a la jubilación, sería muy acertado que le toque venir a pasar sus últimos días acá. La falta de oxigeno seguramente le puede ayudar a adelantar su final y mientras eso ocurre, se le podría ir enseñando el significado de la palabra: respeto.

Lo que no sabe el Señor Don Chelo es que le salió competencia. De hecho, hace mucho tiempo antes de que él saliera con semejante atropello, ya han existido otros personajes, que con lo único que relacionan la palabra pasto, es con la “hierba que come el ganado en el mismo terreno donde se cría”. Por eso recordé que hace unos días escribí que a nuestra ciudad ya la habían incluido en las clases de geografía de los colegios de nuestro país. Pero ahora concluyo Señor, que ni usted, ni nosotros, fuimos a clases de geografía; nunca hicimos el globo terráqueo con bolas de poliestireno expandido, es decir icopor; tampoco rellenamos el croquis de Colombia con bolitas de papel untadas en Colbón; ni mucho menos calcamos el mapamundi en papel mantequilla, acabando con la caja entera de lápices Mirado Hexagonal HB No.2. Pues hasta ahora Señor, gracias a un personaje, imitación de un europeo, venimos a darnos cuenta de que Pasto, con mayúscula, no es ningún nido, tampoco le hace falta oxigeno, ni mucho menos hace frío. Amigo Chelo, (porque después de este descubrimiento podría ser mi nuevo amigo), le digo con todo cariño que: ¡San Juan de Pasto ha estado sumergido en la selva tropical colombiana y nunca, nos dimos cuenta!

Aprenda de otro colega suyo, pero extranjero, el cual dice ser chileno, habla como chileno pero como (casi todos) sus compatriotas, se cree francés, alemán o “españolete”. (Pura coincidencia; acá algunos dicen ser pastusos, hablan como pastusos y…. ya conocen la historia).

Amigo, mi viejito barranquillero, mi Chelito, mi parcero: ¡Cuál falta de oxigeno!, si acá estamos en medio de tupidos bosques tropicales y según entiendo entre más árboles más “chiflones”. ¿Y el frío? ¡¿Dónde está?! Si este clima, el de nuestra selva, se caracteriza por las altas temperaturas. Llueve sí, pero para sus huesitos esta humedad tropical le puede hacer algún bien. Y pues si lo exilian a este sur digo, a esta selva, se dará cuenta que como no hace frío no se le puede pegar lo “brutos” que somos.

Y ni tan brutos. Imagínese que en este territorio plano y ondulado con algunos cerros y serranías; pudimos construir un aeropuerto (aunque siempre esté cerrado) y levantar un estadio de fútbol. Sí, de fútbol. Pues dejamos nuestros arcos, flechas y arpones a un lado para poco a poco, ir aprendiendo sobre este deporte e ir eliminando caciques. Por ejemplo, una vez dejamos de cazar chigüiros, armadillos, nutrias y zainos para hacer con pelos de choclo una aproximación a un balón de fútbol. Y lo logramos. Ahora ya tenemos varios balones, pero lo que nos ha costado es poder hacer goles sin que éstos se nos desbaraten, pero los hacemos. La gramilla de nuestra cancha no es muy plana pero si muy húmeda, pues le cuento que logramos tapar el río Putumayo para dejar de pescar. El bocón, la palometa y la cachama dejaron de ser especies preferidas para la pesca y pasaron a ser el alias de algunos de nuestros jugadores insignes. Alguna vez tuvimos un “Bocón de Castro”, el Polerman “la palometa” Rivera y David “la Cachama” Hernández.

 

Lo que no nos gusta es jugar partidos en la noche. Ya que todavía no contamos con luz eléctrica y por esta razón nos ha tocado en repetidas ocasiones conseguir bastante madera tierna como la higuera, abrirle un hueco en la mitad con una piedra, conseguir álamo que sirva de palo y una vez teniendo todo listo, nos toca poner a girar (el palo) rápidamente hasta que salgan chispas. No nos ha resultado. Mientras sale la primera de ellas, ya han pasado 90 minutos. Pero mire amigo Chelo, que a veces tenemos alguna ventaja aquí, pues nuestro equipo de primitivos suele hacer goles al minuto 93 entonces algunas veces (casi nunca) hemos logrado ver esos tantos pero con una luz muy tenue; y cuando definitivamente no logramos verlos, confirmamos que hubo gol, porque nuestros hermanos los micos de tanta felicidad, alegría y júbilo; se ponen a saltar, a gritar y a treparse a los árboles.

En nuestro estadio, amiguito, no hay graderías ¡claro que no! Yo por ejemplo, veo los partidos, trepada en lianas (eso, cuando no me toca hacer fuego), me balanceo entre una y otra según el correr del balón. Pero me va muy mal, porque como tengo el guayuco puesto los machos no suelen ver el partido sino a mí allá trepada; los chimpancés no pierden oportunidad para bajarme el taparrabo y de tanto estar colgada estoy empezando a comer más banano que de costumbre.

Mi querido Chelo: ¡qué equivocados estábamos! Lo invito para que cuando venga, nos ayude a recolectar larvas, hormigas y tubérculos para tener de qué alimentarnos. Le cuento que hace un tiempo en esa labor me estuvo ayudando un pariente: Tarzán, pero encontró a su familia biológica, unos “aristócratas” chilenos y se convirtió en todo un caballero. Ahora no le baja a una botella diaria de Cabernet Sauvignon y come marraquetas acompañadas de queso fundido. Ya no es de los nuestros. Se olvidó de quienes lo criamos.

Cuando venga podríamos construir armas, hacer hamacas de cumare o canoas. Aquí pues mi Chelito, no tenemos mansiones, ni edificios, tampoco sabemos que es un ladrillo; acá en esta selva vivimos en malocas; es decir, en grupo. Nos organizamos colectivamente, dormimos acompañados según el nivel de los ronquidos del más escandaloso al menos ruidoso. En este punto tendría que pensar si lo puedo invitar a mi casa comunitaria o no, porque en ella ya hay un jaguar, un chamán, dueño de todo. No ronca; usted no sé. El jefe de mi hogar es viejito también, pero menos bruto y no creo que pueda llegar a bajarle el trono. Espero entonces que antes de venir trate de comunicarse conmigo. Le adelanto que no tenemos teléfonos, no sabemos que es un celular, ni un computador, ni mucho menos Internet. Ahí no sé cómo le vamos a hacer porque nosotros los nativos para lograr comunicarnos a largas distancias, utilizamos unos tambores maguaré hechos de troncos ahuecados y dudo mucho que hasta Barranquilla llegue mi mensaje, más sabiendo que uno entre más viejo es más sordo.

Este mensaje que le estoy haciendo llegar está traducido por un hombre de ciudad, de mundo, un hombre moderno, así como usted y su colega chileno. El mensaje original lo escribí a punta de jeroglíficos. Mandé a mi tribu a conseguir muchas piedras, saque el cincel y el martillo y empecé a escribir. Me demoré 93 minutos. Mi equipo no hizo gol, pero logré acabar.

Lo invito a usted, a su amigo chileno y a todos los que quieran venir a esta selva o a este nido, como bien quieran llamarlo, que cuando vengan no intenten cambiar lo que somos. Seremos “brutos”, viviremos con cóndores, estaremos sumergidos entre la maleza, no tendremos carros sino caballos, no habrá cemento, ni casas, ni edificios, ni centros comerciales. No tendremos nada de lo que ustedes tienen. Digan lo que quieran, imaginen a nuestra ciudad como ustedes prefieran. Sea como lo hagan no tendremos cuidado en sus palabras, de hecho, a nosotros nos va mejor cada vez que nos tratan como lo hacen. Y es por eso que le pido un inmenso favor: recuérdele a su amigo, el austral, que lo eliminamos. Sí, nosotros. El equipo pobre, el desconocido, el del “pasto que sólo sirve para las vacas”. Ese mismo “equipito” dejó en el camino al suyo: ¡un “veintinueve” veces campeón! No se olvide Chelito: se lo dice. También le puede contar y de paso se lo cuento a usted, que no nos disgusta que nos digan selváticos, atrasados, indios o campesinos. Todos lo somos. Todos somos indígenas, todos somos campesinos. Todos venimos del campo, de la tierra, de la selva, del atraso. Ustedes no nacieron en castillos, ni palacios. Tampoco nos disgusta sus señalizaciones, lo que nos indigna es que lo mezclen con ofensas, insultos, groserías o ultrajes y que piensen que porque sus ciudades tienen más metros cuadrados de cemento, entonces ustedes tienen más masa cerebral que nosotros. Menos mal su ignorancia la han dejado sobre letras, nosotros, en cambio, hemos dejado nuestra dignidad, nuestra sabiduría y nuestro orgullo por el cielo; y gracias a su falta de cultura y educación hacia un pueblo humilde como el nuestro nos han ayudado cada día a reafirmar más lo que sentimos y lo que somos: Orgullosamente Pastusos.

Author: Pasto Ilustrado

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2 Comments

  1. “Debo pensar en voz alta, para no gritar en silencio.”……. ESTE COMENTARIO ES UNA DOSIS DE DIGNIDAD , HONESTIDAD ,PARA UN PERIODISTA “XENOFOBICO .., OJALA ENTIENDA Y COMPRENDA EL LENGUAJE IRÓNICO , NO HIRIENTE A LA AMARGURA ,SUS PALABRAS DESTILAN ODIO , EL Sr CHELO DE CASTRO, ESTA POR CUMPLIR UN SIGLO DE VIDA, EN SUS 97 AÑOS , ES INEVITABLE EL SÍNDROME DE KORSAKOFF.., OJALA NO SE OLVIDE QUE PASTO PERTENECE A COLOMBIA…….. BIEN ,EXCELENTE .. NATHALIA .. ,.

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  2. Excelente apreciacion ante un esxabrupto del Chileno y del Chelo del Castro, por eso es castro pero de mente.

    Este articulo se debe enviar a la TELEPOLEMICA A RCN, A CARACOL AL DIARIO DEL SUR y demas medios, porque es inaceptable tanto atrevimiento para un glorioso pueblo y un superdepor que ha dejado en alto la dignidad y el teson de nuestro QUE VIVA PASTO CARAJO

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