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Luzitarra | Pasto Ilustrado

Luzitarra

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Luzitarra

Por: Edison Ramos

Ilustración: Edison Ramos

“Es un extraño propósito perseguir el poder y perder la libertad.”

Francis Bacon

Antes de que todo sucediera han de saber que  ese día era extrañamente normal.

El campo tenia la misma  extensión de tierra sembrada de  coles y remolachas, la ruana las mismas lanas, y el camino lejano hasta casa estaba rodeado de las mismas piedras, incluso Aníbal era el mismo campesino de todos los días, ese que araña de igual forma la tierra y su guitarra cada vez que silva y tararea entre tragos de agua panela cuando vuelve al hogar.

En la frontera de la tarde, algo predijo el fin de esa extraña normalidad. Su hijo llego al campo con una  increíble noticia: Francisco “el mirlo del sur” sufrió un accidente, así que en  su lugar Aníbal había sido invitado. Era una noticia fatal a toda vista, pero la  desventura perdía magnitud ante la gran oportunidad que ahora tocaba su puerta, o mejor dicho su huerta. Después de tantas audiciones perdidas y una  ráfaga  de  circunstancias mal  venidas, por fin  podría participar en el festival departamental de música campesina. El  aire  se  embargo  de imágenes  a  cámara lenta, sin  reparar  en preguntas soltó el azadón, respiro profundamente dos veces y sabiendo que el festival era para el día siguiente arranco a correr hasta su casa.

Al llegar subió las gradas de barro, cruzo la vista con un par de cantinas, un bulto de papas, unas  matas de geranio y una  banca de roble, mas aun lo que buscaba yacía en la habitación principal colgada junto a un almanaque lunar, lo esperaba una apolillada guitarra, fue por ella, después se dirigió a su esposa despidiéndose amorosamente, debía partir de inmediato pues era tarde ya y desde su apartada vereda hasta el pueblo le tomaría buena parte de la noche, si quería llegar a tiempo. Salió tan de prisa que el barro alisado de las gradas lo empujo contra el piso, la aparatosa caída fracturo su guitarra en cuatro pedazos, miro en las astillas de su instrumento los escombros de aquello que añoro toda su vida, sentándose en las gradas húmedas y sucias, se cogió la cabeza buscando algo de resignación en el abrazo de su mujer mas aun ella solo le dijo: levántate el compadre Leonel tiene una, casi nueva, ve a pedírsela y sigue tu designio. Así que marchó hasta la finca del compadre, le conto la buena nueva y el urgido préstamo por el cual había venido, la respuesta no se hizo esperar, pero primero unos guarapos para celebrar, tras tres abrazos y ocho tragos Leonel le explicó que en el momento la guitarra la tenia su primo, pero le prestaría una camisa elegante, debía cambiarse esa tan sucia y llena de barro que traía puesta, por  ultimo le  recordó que  Samuel seguramente tendría una para facilitarle, fue así como visito la casa de Samuel, Joaquín, Rafael, Cristóbal y Leopoldo, saltando de envió en envió, sin encontrar lo que buscaba mas aun  cada uno le brindo fermentados vasos de guarapo, lo revistieron con saco, sombrero y hasta zapatos pero solo fue hasta que piso el patio de la vieja Clemencia donde atinó su propósito, la anciana desdentada y peli blanca lo atendió en el zaguán y como si adivinara su interés no menciono palabra alguna, solo le entrego de cada mano una guitarra y una botella de guarapo. El afán no le permitió el desconcierto, ponerse a pensar en la  actitud de la  vieja clemencia era  perder tiempo precioso, la noche había ganado demasiado terreno y seguir la senda habitual hasta el pueblo lo retrasaría muchísimo, la única oportunidad era construir un atajo por el bosque de las golondrinas.

Cuando entro al bosque las cosas parecían recobrar algo de regularidad, muchos pasos después una abrumadora oscuridad invadió el lugar, a mitad de camino en la profundidad de las  sombras, un pedido insólito llego desde el corazón del bosque, en un tenue silbido se bosquejo la palabra música. Sin preguntarse simplemente obedeció, su mano toco la guitarra, la rasgo un par de veces, en cuanto lo hizo unos disparos de luz salieron de la boca de esta , entre mas  tocaba la luz se hacia mas fuerte y cálida, era algo  completamente increíble, pero en medio de tan inusual fenómeno Aníbal solo contemplo la luz como  un oasis en ese desierto fuliginoso, cada acorde que tocaba proyectaba una nota de luz diferente señalando el camino, el bosque por su parte empezó a integrarse con ligeros sonidos de luces fluorescentes, arboles como tiples azules, los sapos clarinetes violeta, las serpientes panderetas aguamarina y los  arbustos  eran bongos  de  color naranja. la canción era casi perfecta, hasta que las  serpientes, las  mariposas, las rocas, los arbustos, los arboles, los sapos, el agua, las hojas y los venados guardaron silencio, perturbados ante la aparición de una silueta en la  penumbra, se divisaba un hombre alto con la piel pálida tapizada de musgo, portaba un  sombrero alto y un violín dorado en su mano izquierda, parecía determinado a reclamar su lugar. Aníbal, solo reparo en ofrecerle un

trago de guarapo, el hombre acepto, y tras tomar un generoso bocado, agarro  su  violín como  una  espada y corto el silencio, La guitarra empezó acompañar con un sonido creciente hasta cobrar el protagonismo aunque era muy difícil diferenciar un sonido del otro pues la pirotecnia de cada  instrumento se envolvía con la del otro, era un éxtasis fulmínate apoderándose de cada  forma, una  mescla fastuosa pintando la afonía, eran mil ráfagas de viento golpeando en todas las direcciones, era un embestida de luminarias bailando en círculos concéntricos, era la finitud y la  eternidad, era  lo  que  ninguna de las palabras pueda contar. Una fuerza celeste levanto el cuerpo de Aníbal, sus pies se despegaban de la tierra, mientras levitaba sus ojos solo veían un torbellino de colores, nunca  paro de tocar su guitarra mientras un vórtice de luz lo devoro por completo.

amaneció y el estaba tirado afuera del bosque, al abrir los ojos solo vio un cielo borroso, no había rastro de las notas del violín, solo el mugir de unas vacas lo rodeaba, una alerta corrosiva lo puso de pie, recobrando la conciencia se hecho a correr colina abajo, llego a la hora justa para su presentación, mas  aun lo que encontró fue un pueblo desolado, no había nadie, solo al margen de una esquina se divisaba un par de borrachos, sin mayor opción se dirigió a ellos y pregunto ¿paisanos, me podrían decir a que hora empezara el festival de música campesina, saben donde están recibiendo a los cantores?, uno de estos alzo su mirada perdida y  entre balbuceos dijo: o usted esta mas borracho que yo o se le perdió la fecha, el festival de música fue anteayer ya no hay nadie que de concierto ni a nosotros ni a las palomas, ya mas tarde vendrán a desbaratar la tarima.

entonces camino hasta la plaza, la miro completamente desnuda, con cicatrices de botellas, y empaques de comida, todo sucedía como en cámara lenta, mientras el empezó a subir uno a uno los escalones de la  desolada plataforma, Aníbal se paro en el centro de ella, lo contemplo todo de nuevo, alzo la vista a la  luz  del  sol, luego miro al frente, sonrió gratamente y rasgo su guitarra, bueno, la guitarra de la vieja clemencia.

 

Author: Pasto Ilustrado

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